|
Votos: 2
Loaders para todos los gustos
08/06/2007, 0 comentarios. | Recientemente encontré una web que me dejó realmente impresionado. Se trata de AjaXLoad.info, una aplicación web que te permite elegir el diseño y color de una barra para luego usarla en el momento de recibir la respuesta AJaX.
En el curso de AJaX de ProgramacionWeb se trata la respuesta AJaX desde que la propiedad ReadyState está en 4, desde que ya se ha recibido todo y se muestra al usuario.
Hay la posibilidad, pero, de mostrar al usuario una barra animada mientras se recibe la petición (cuando ReadyState está en 3). Tan sólo has de personalizar una barra de AjaxLoad.info y extender la función asociada al onreadystatechange añadiendo una nueva condición:
Pantalla Completa Colorear |
000 001 002 003
|
if(oXMLHttpRequest.readyState == 3){
// Mostramos la imagen
document.getElementById("contenedor").innerHTML='<img src="imagen_escogida.gif" alt='Cargando...' title='Cargando...' />';
}
|
Sería interesante centrar la barra vertical y horizontalmente en todo lo que es el contenidor, y ya haber cargado anteriormente la imagen.
También habría la posibilidad de mostrar una barra que mostrara el proceso de descarga (mostrando el tanto por ciento de datos descargados del servidor), pero eso ya lo dejaría para un posible futuro artículo.
Disfrutad de lo que parece ser el comienzo de la web 2.0!
|
|
|
Votos: 1
El derecho a leer
03/04/2007, 3 comentarios. | Este texto fue escrito originalmente por Richard M. Stallman -filósofo fundador del proyecto GNU- en el número de febrero de 1997 de la revista Communications of the ACM y luego recopilado en su libro Software Libre para una Sociedad Libre (también disponible en formato papel).
Para Dan Halbert, el camino hacia Tycho comenzó en la universidad, cuando Lissa Lenz le pidió prestado su ordenador. El suyo se había estropeado, y a menos que pudiese usar otro suspendería el proyecto de fin de trimestre. Ella no se habría atrevido a pedírselo a nadie, excepto a Dan.
Esto puso a Dan en un dilema. Tenía que ayudarla, pero si le prestaba su ordenador ella podría leer sus libros. Dejando a un lado el peligro de acabar en la cárcel durante muchos años por permitir a otra persona leer sus libros, al principio la simple idea le sorprendió. Como todo el mundo, había aprendido desde los años de colegio que compartir libros era malo, algo que sólo un pirata haría.
Además, era muy improbable que la SPA —Software Protection Authority, [Autoridad para la Protección del Software]— lo descubriese. En sus clases de programación, había aprendido que cada libro tenía un control de copyright que informaba directamente a la oficina central de licencias de cuándo y dónde se estaba leyendo, y quién leía —utilizaban esta información para descubrir a los piratas de la lectura, pero también para vender perfiles personales a otros comercios. La próxima vez que su ordenador se conectase a la red, la oficina central de licencias lo descubriría todo. Él, como propietario del ordenador, recibiría el castigo más duro por no tomar las medidas necesarias para evitar el delito.
Por supuesto, podría ser que Lissa no quisiera leer sus libros. Probablemente lo único que necesitaba del ordenador era redactar su proyecto. Pero Dan sabía que ella provenía de una familia de clase media, que a duras penas se podía permitir pagar la matrícula y no digamos las tasas de lectura. Leer sus libros podía ser la única forma por la que podría terminar la carrera. Comprendía la situación; él mismo había pedido un préstamo para pagar por los artículos de investigación que leía —el 10% de ese dinero iba a parar a sus autores y como Dan pretendía hacer carrera en la Universidad, esperaba que sus artículos de investigación, en caso de ser citados frecuentemente, le darían suficientes beneficios como para pagar el crédito.
Con el paso del tiempo, Dan descubrió que hubo una época en que todo el mundo podía acudir a una biblioteca y leer artículos, incluso libros, sin tener que pagar. Había investigadores independientes que podían leer miles de páginas sin necesidad de recurrir a becas de biblioteca. Pero desde los años noventa del siglo anterior, las editoriales, tanto comerciales como no comerciales, habían empezado a cobrar por el acceso a los artículos. En 2047, las bibliotecas con acceso público a literatura académica eran sólo un vago recuerdo.
Había formas de saltarse los controles de la SPA y de la oficina central de licencias. Pero también eran ilegales. Dan conoció a un compañero de clase, Frank Martucci, que consiguió una herramienta ilegal de depuración y la usaba para saltarse el control de copyright de los libros. Pero se lo contó a demasiados amigos, y uno de ellos le denunció a la SPA a cambio de una recompensa —era fácil tentar a los estudiantes endeudados para traicionar a sus amigos. En 2047, Frank estaba en la cárcel, pero no por pirateo, sino por tener un depurador.
Dan averiguó más tarde que hubo un tiempo en que cualquiera podía tener un depurador. Había incluso depuradores gratuitos en CD o disponibles libremente en la red. Pero los usuarios normales empezaron a usarlos para saltarse los controles de copyright y por fin un juez dictaminó que ése se había convertido en su principal uso práctico. Eso significaba que los depuradores eran ilegales y los programadores que los crearon fueron a parar a la cárcel.
Obviamente, los programadores aún necesitan depuradores, pero en 2047 sólo había copias numeradas de los depuradores comerciales, y sólo estaban disponibles para los programadores oficialmente autorizados. El depurador que Dan había utilizado en sus clases de programación estaba detrás de un cortafuegos para que sólo pudiese utilizarse en los ejercicios de clase.
También se podía saltar el control de copyright instalando el kernel de un sistema modificado. Dan descubrió que hacia el cambio de siglo hubo kernels libres, incluso sistemas operativos completos. Pero ahora no sólo eran ilegales, como los depuradores. No se podía instalar sin saber la clave de superusuario del ordenador y ni el FBI ni el servicio técnico de Microsoft la revelarían.
Dan llegó a la conclusión de que simplemente no podía dejarle a Lissa su ordenador. Pero no podía negarse a ayudarla, porque estaba enamorado de ella. Cada oportunidad de hablar con ella era algo maravilloso. Y el hecho de que le hubiese pedido ayuda a él podía significar que ella sentía lo mismo.
Dan resolvió el dilema haciendo algo incluso más increíble, le dejó su ordenador y le dio su clave. De esta forma, si Lissa leía sus libros, la oficina central de licencias pensaría que era él quien estaba leyendo. Seguía siendo un delito, pero la SPA no lo detectaría automáticamente. Sólo podrían descubrirlo si Lissa le denunciaba.
Si la universidad descubriese que le había dado su clave a Lissa, significaría la expulsión de ambos, independientemente del uso que hubiera hecho ella de su clave. La política de la Universidad era que cualquier interferencia con sus métodos de control sobre el uso de los ordenadores era motivo de acción disciplinaria. No importaba el daño, el delito era el hecho de dificultar el control. Se daba por supuesto que esto significaba que se estaba haciendo algo prohibido, no necesitaban saber qué.
En realidad, los estudiantes no eran expulsados, no directamente. En lugar de eso, se les prohibía el acceso a los ordenadores de la universidad, lo que equivalía a suspender sus asignaturas.
Dan supo más tarde que ese tipo de políticas en la Universidad comenzó durante la década de 1980, cuando los estudiantes empezaron a usar los ordenadores en masa. Antes, las universidades tenían una actitud diferente: sólo se penalizaban las actividades peligrosas, no las meramente sospechosas.
Lissa no denunció a Dan a la SPA. Su decisión de ayudarla llevó a que se casaran y también a que cuestionaran lo que les habían enseñado cuando eran niños sobre la piratería. Empezaron a leer sobre la historia del copyright, sobre la Unión Soviética y sus restricciones sobre las copias, e incluso sobre la constitución original de los Estados Unidos. Se mudaron a Luna City, donde se encontraron con otros que intentaban librarse del largo brazo de la SPA de la misma manera. Cuando el Levantamiento de Tycho se produjo en 2062, el derecho universal a leer se convirtió en uno de sus objetivos fundamentales.
Aunque parezca una parte una obra de ciencia ficción, el texto no se aleja tanto de la realidad. Resulta ser que en EE.UU., el Digital Millenium Copyright Act de 1998 estableció la base legal para restringir la lectura y el préstamo de libros informatizados al igual que la Unión Europea impuso restricciones similares con su directiva sobre copyright de 2001. El texto está pues, basado en leyes que ya están en funcionamiento.
Hay una solución. El movimiento libre propulsado por el proyecto GNU. Si te interesa, léete el libro completo en el link que te pongo arriba .
|
|
|
Votos: 0
Barras personalizadas
02/03/2007, 2 comentarios. | Hola amig@s,
Así abro mi weblog, dándoos la oportunidad de poner en vuestras páginas unas barras de desplazamiento de escándalo. Son unas scrolls personalizadas que funcionan con todos los navegadores (no como esas barras del IE), y que además son completamente configurables al usar imágenes y no colores llanos. Aquí os paso el link y el código para que experimentéis.
Link: http://www.hesido.com/web.php?page=customscrollbar
Código: http://www.hesido.com/downloads/webrelated/flexcrolljs.zip
La flexscroll, que así es como se llaman las barras, son pero, software propietario. Las puedes usar con fines no comerciales, pero si las usas para cualquier web comercial habrás de pagar.
Tenía pensado, pues, coger la idea del código de estas scrolls y ponernos manos a la obra para hacer nuestras propias scrolls. Éstas serían libres y se publicarían en un artículo para que todos los usuarios de ProgramaciónWeb pudieran disfrutarlas sin ningún tipo de restricción (respetando el CopyLeft, claro).
Así que si hay algún voluntari@ que se ponga en contacto conmigo y realizaremos esta labor. Aviso por antemano de que el código es muy largo, así que tomaroslo como un reto.
Espero vuestras respuestas .
|
|
|
|